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El ERP (Enterprise Resource Planning) nació como una respuesta al despliegue de sistemas propietarios (Legacy Systems), muchos de ellos,  sistemas departamentales que aparecieron producto de una ola de desarrollos de sistemas de información que resolvían en la mayoría de los casos, problemas locales con el efecto de silo visible a nivel operativo.

Los ERP plantean estructuras sólidas y consistentes de información, sin embargo, en nuestro criterio siguen adoleciendo de un sesgo y limitación de alcance por haber comenzado desde los sistemas de información y no desde los problemas de negocio.

Hay preguntas, dimensiones  a nivel de gestión y reglas de negocio que no responden los ERP, no era su problema al nacer y hay que juzgarlos con ecuanimidad y reconocer que resolvieron el problema del registro del dato de forma coherente.

Los ERP evolucionaron y hoy en día ofrecen, según su oferta, “capacidades de BPM”. Esto no es más que una promesa comercial que se adjudica una disciplina para la cual no está preparado. En el mejor de los casos, los ERP permiten “encadenamiento de pantallas”, de funciones pre-definidas, pero nunca lo que hemos descrito como BPM ni nada similar.

Contrariamente, desde sus inicios y con los antecesores Workflow, Business Automation, Business Reengineering, y otros, el enfoque de BPM siempre ha estado en el hacer, en el comportamiento, en la gestión, en los procesos de negocio, en las reglas de negocio, que responden a la dinámica de cada organización.

¿Son necesarios los ERP? Esto es como preguntarse si son necesarias las bases de datos. No tiene sentido reinventar las estructuras con la madurez que tienen en los ERP, este es su espacio, su valor, nada más allá, vale decir son necesarios pero no suficientes; el complemento que necesitan las organizaciones es la gestión de los procesos y reglas de negocio y esto lo aporta el BPM.

Si se viera este tema desde la perspectiva de la empresa, procesos y resultados se puede afirmar que los ERP permiten el registro de parte importante de los resultados, de las transacciones, facilita el manejo resultante de la tarea. El tipo de consultoría que escuchamos de especialistas en ERP, basado en las preguntas y dimensiones que abordan, tiene el techo establecido por el flujo de tareas, en tanto no se alcancen las actividades ni  su gestión, no tienen posibilidad de saber cómo se llegó al registro específico ni porqué se registró un resultado particular.

Sin embargo, un sistema de BPM permite a la organización monitorear y gestionar los procesos, hacer que se cumplan las reglas de negocio, controlar los costos asociados con la infraestructura y los procedimientos, las herramientas y la satisfacción de los clientes.

Frente a la elección entre ERP y BPM, hay que hacerse preguntas:

¿Se quieren resolver problemas de registro de información? o ¿resolver problemas de gestión y reglas de negocio, de productividad y costos? El ERP resuelve la primera interrogante y el BPM la segunda, porque el ERP se instala con la promesa de adaptase a los procesos del cliente y esto resulta casi inalcanzable porque no fue concebido para tal fin.

Las suites de BPM hacen que los procesos comerciales sean más accesibles para una gama más amplia de usuarios de la organización, lo que les permite operarlos y modificarlos más rápidamente de acuerdo con las cambiantes necesidades comerciales. Esto ayuda a las empresas a modificar los procesos al ritmo de su negocio. Usando este enfoque, una empresa inteligente superpondrá a su ERP con un sistema de BPM que se integra con el ERP y otros sistemas, actuando como el «tejido conectivo» entre estos sistemas.

Gartner dice que la mayoría de los procesos, especialmente los procesos centrados en el ser humano, deben «liberarse del ERP» y colocarse donde puedan ser más ágiles y efectivos, es decir, un BPM.

Decidir entre un ERP y un BPM

Un pensamiento en “Decidir entre un ERP y un BPM

  • 29 noviembre, 2017 a las 11:38 am
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    Muy buen artículo, la información me ha sido muy útil.

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